FRATERTEMPLI, LA PAGINA DE LA ORDEN DEL TEMPLE EN MADRID ( OBEDIENCIA CATOLICA SMOTH - MIT / OSMTH)

SAN ISIDRO LABRADOR

 Nace San Isidro Labrador casi finalizado el siglo XI, en 1082, iluminando con su ardiente fe al pueblo de Madrid. Su profundo amor a la Eucaristía, su entrañable devoción a la Santísima Virgen, toda esta vivencia de la Iglesia en plenitud, le impulsa a identificarse con el pueblo, con los niños, con los desvalidos, con los que sufren hambre de pan y del alma, con todas las criaturas de Dios, como adelantado y predecesor del Serafín de Asís.

    Sus portentosos milagros, más de cuatrocientos, se contemplan en su Proceso de Canonización. Su caridad ilimitada, hace, que sus contemporáneos le admiren y le veneren como a un Santo, junto a su esposa Maria de la Cabeza, y que llegan a ser un solo corazón y una sola alma; matrimonio que bendice el Señor, concediéndoles un hijo, Illán, que es causa un día de uno de los más portentosos milagros de San Isidro, resucitándole tras precipitarse a las profundas aguas de un pozo.

    En otra ocasión también devuelve a la vida a Maria de Vargas, hija de su patrón y ahijada suya.

    La vida del santo matrimonio, encendía más y más el fervor del pueblo de Madrid tras el conocimiento de tantos prodigios.

    Muere San Isidro el 30 de noviembre de 1172, sobre los 90 años, y es sepultado en el cementerio de San Andrés, su parroquia.

    Cuarenta años después, en 1212 fue descubierto, por revelación divina, su cuerpo incorrupto.

    San Isidro es Beatificado por Paulo V el 14 de junio de 1619, fijando la celebración de su fiesta el 15 de Mayo.

Gregorio XV Canoniza a San Isidro el 12 de Marzo de 1622. Sin embargo la muerte del Pontífice hizo que se retrasara la expedición de la Bula de Canonización de San Isidro "Rationi Congruit" hasta el 4 de junio de 1724, firmada por Benedicto XIII.

    San Isidro es patrón de Madrid desde 1212, y día de precepto en la capital de España desde 1621.

    El Papa Juan XXIII extendió el patronazgo de San Isidro a los agricultores y campesinos españoles por Bula "Agri Culturam" dada en Roma el 16 de diciembre de 1960.

¿QUIÉN FUE SAN ISIDRO?

San Isidro es por excelencia el patrón de los campesinos, es el santo a quienes muchos acuden para que llueva y los madrileños le tienen un especial aprecio porque es su patrón. La mayoría de personas que han escrito sobre la vida del santo sitúan su nacimiento a finales del siglo XI, y la fecha en que muchos se han puesto de acuerdo es en la de 1080, pero nadie ha sabido aún en que barrio nació, seguro que no lo hizo en el de Las Rozas ni tampoco en un piso de alto standing del Paseo de la Castellana porque en aquella época, no existían. Ten en cuenta, que Madrid, por aquellos tiempos no dejaba de ser un pueblo agrícola, y que la capital hispánica, por decirlo así, era Toledo. Las tradiciones sitúan su bautizo en la iglesia de San Andrés de la capital madrileña. El nombre de Isidro -que no es más que una derivación de Isidoro- fue en honor al Arzobispo San Isidoro de Sevilla. Muchas de las cosas que sabemos de este buen hombre es gracias a Juan Diácono, que en el siglo XIII escribió su biografía, la "Vita Sancti Isidori". Él nos retrata a un hombre ejemplar, de buen corazón y muy bondadoso con los más necesitados. Parece ser que una de las primeras ocupaciones de Isidro fue la de pocero, o sea, cavar pozos, al servicio de la familia Vera hasta que se trasladó a trabajar a Torrelaguna, donde contrajo matrimonio con una chica del pueblo llamada María Toribia, conocida más tarde con el nombre de Santa María de la Cabeza, también declarada santa. Fruto de su matrimonio tuvieron un hijo llamado Illán. Al cabo de unos años la familia regresó a Madrid, para cuidar las tierras de la familia Vargas. Fue en ese momento cuando Isidro realizó las tareas de labrador y pasase a ser conocido popularmente como "Isidro labrador". Falleció en el año 1130. Tradiciones Sobre la figura del santo se han vestido muchas narraciones populares. La más conocida de ellas es la que nos presenta a un hombre muy piadoso que muy a menudo tenía que soportar las burlas de sus vecinos porque cada día iba a la iglesia antes de salir a labrar el campo. A veces, Isidro llegaba algunos minutos tarde al trabajo y sus compañeros lo denunciaron al patrón por holgazán. Juan de Vargas, que así se llamaba el propietario de la finca, lo quiso comprobar por si mismo, y un buen día se escondió tras unos matorrales situados a medio camino entre la iglesia y el campo. Al salir del templo le recriminó su actitud. Cuando llegaron al campo, su patrón vio por sorpresa que los bueyes estaban arando ellos solos la parte que le correspondía al buen Isidro. El patrón entendió aquél hecho como un prodigio del cielo. También es conocida "la olla de San Isidro". Se cuenta que cada año nuestro amigo organizaba una gran comida popular donde eran invitados los más pobres y marginados de Madrid. Sin embargo, en una ocasión el número de de presentes superó lo previsto y la comida que habían preparado no llegaba ni a la mitad de los convocados. Isidro metió el puchero en la olla y la comida se multiplicó "milagrosamente", hubo para todos y más. Así mismo, hay un relato que nos dice que en un año de sequía y temiendo por la rentabilidad de la hacienda de su patrón, Isidro con un golpe de su arada hizo salir un chorro de agua del campo. Salió tanta agua de allí que pudo abastecer toda la ciudad de Madrid. Fíjate amigo cibernauta que en estas dos narraciones hay una homología en dos textos de la Biblia; la primera es una analogía del milagro de los panes y los peces de Jesús y la segunda de Moisés, que en el éxodo de Egipto hacia la Tierra prometida, golpeó una piedra con su bastón y salió de ella agua para saciar la sed de su pueblo. En este apartado de "prodigios" no podríamos dejar de lado una curación atribuida a San Isidro y que le valió la beatificación. En tiempos del rey Felipe III (1578-1621) habiendo caído gravísimamente enfermo, a su regreso de Lisboa, en Casarrubios del Monte (Toledo), le fue llevado el cuerpo de San Isidro hasta su estancia real, y el monarca sanó milagrosamente. La beatificación tuvo lugar el 14 de abril de 1619, y tres años más tarde, el 12 de marzo de 1622, el Papa Gregorio XV lo canonizaría. Amor a los animales Durante toda su vida de labrador tuvo un gran aprecio con los animales. En ningún momento maltrató a los bueyes y a los otros animales de trabajo de la hacienda, todo al contrario. Existe una leyenda que explica que una día de invierno y mientras se dirigía al molino con un saco de grano sintió compasión de los pájaros que en la nieve ya no encontraban alimento y que estaban a punto de morir. Isidro limpió un pedazo de tierra apartando la nieve y vació allí la mitad del saco. Al llegar al molino resultó que el saco estaba tan lleno de grano como antes. Devoción El aprecio a San Isidro es notable para todas aquellas personas que trabajan en el campo, por lo tanto es el patrón de los campesinos y de los viticultores, así como de los ingenieros técnicos agrícolas. Como ya he comentado anteriormente es el patrón de la ciudad de Madrid desde el 14 de abril de 1619, día en que el Papa Pablo V firmó el decreto de su beatificación. Su protección a los campesinos y labradores españoles así como de todos los agricultores católicos del mundo fue declarada por el Papa Juan XXIII. Se le puede invocar para que llueva y tener una buena cosecha. En Catalunya, San Isidro comparte el patronazgo de los campesinos junto a San Galderic, un santo de la comarca catalano-francesa del Rosellón. Como te puedes imaginar son muchas las ermitas que tiene dedicadas. La más popular es la que hay en Madrid, en el paseo Quince de Mayo en el barrio de Carabanchel, donde cada año en el día de su fiesta se bendice el agua de la fuente del agua, la misma que el santo hizo manar en tiempos de sequía. Fue construida en 1528 y la edificación actual corresponde al 1725. Cabe mencionar que el santo tiene dedicada en la capital de España una colegiata que fue construida entre los años 1626 y 1664 y que desde el año 1885 hasta 1993 actuó como catedral. Dicho templo está situado en la calle Toledo. Recuerda que la actual Catedral de Madrid y desde 1993 es la Catedral de la Almudena. También me gustaría comentarte que en el Santuario de la Mare de Déu de les Salines (Nuestra Señora de las Salinas) situado a pocos kilómetros de Maçanet de Cabrenys (Girona) se organiza el domingo después al 15 de mayo un aplec (fiesta) que concentra a muchos devotos de la zona y de la parte catalana de Francia. Después del oficio solemne se reparte arroz y la tradicional "berena", un pan redondo bendecido de unos 300 gramos. El origen de esta ofrenda arranca cuando, antiguamente se repartía comida a todos los pobres de la comarca que asistían al encuentro. Una fiesta muy popular que cosecha éxito desde el año 1974. Cabe recordar que bajo el nombre de "San Isidro" se organizan durante los días colindantes a su onomástica diferentes ferias agrícolas en diversos pueblos de España. El ejemplo de San Isidro Sin lugar a dudas, Isidro es otro de los ejemplos a imitar por su sencillez y para ver también que Jesús se sirve de los hombres para que éstos colaboren en la sociedad para hacerla más justa e igual para todos. ¡Cuántos de nosotros no podríamos hacer el milagro de la "olla" si compartiésemos parte de nuestras ganancias con los más necesitados! Vaya desde aquí también un fuerte saludo a todos los trabajadores del campo, y sobretodo a los que están en condiciones inhumanas, piensa en los inmigrantes que dejan su tierra con la intención de prosperar en un país ajeno y que se encuentran en pésimas condiciones y cobrando un salario por debajo de lo que les correspondería. ¿Sabes que muchos de ellos han vendido o hipotecado sus casas de su país de origen para pagar el viaje a un nuevo país?. Por otra parte, Isidro nos muestra como Francisco de Asís, San Roque y otros muchos santos, el aprecio hacia los animales. Es más, Isidro lo hace con aquellos que son sus propias herramientas de trabajo: los bueyes. Desgraciadamente, se tienen a los animales del campo como simples instrumentos y muchos aún no se han parado a pensar que son seres que sienten, igual que nosotros. En este caso, los animales son puestos al servicio del hombre de una forma gratuita, para nuestro provecho; bueno será reconocerles la ayuda que prestan a los trabajadores del campo. Gran ejemplo sin duda la que nos da Isidro. Onomástica: 15 mayo Oración Glorioso San Isidro, tu vida fue un ejemplo de humildad y sencillez, de trabajo y oración; enséñanos a compartir el pan de cada día con nuestros hermanos los hombres, y haz que el trabajo de nuestras manos humanice nuestro mundo y sea al mismo tiempo plegaria de alabanza al nombre de Dios. Como tú queremos acudir confiadamente a la bondad de Dios y ver su mano providente en nuestras vidas. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

SANTA MARÍA DE LA CABEZA

, (?-1175), santa española, esposa de san Isidro Labrador.

Santa María de la Cabeza

 María Toribia, su verdadero nombre, nació en Uceda y vivió en Torrelaguna hasta que conoció a san Isidro, que había huido a esta localidad tras ser conquistado Madrid por los almorávides, y se casó con él. Se cuenta que se le aparecía la Virgen María y que cruzaba el río Jarama extendiendo su mantilla sobre las aguas. El matrimonio tuvo un hijo que un día se cayó a un pozo; ambos esposos rezaron hasta que milagrosamente las aguas subieron hasta el brocal devolviéndoles el niño sano y salvo. Según algunos autores murió en 1175, mientras que para Nicolás de la Cruz 1180 es la verdadera fecha de su muerte. Su festividad se celebra el 9 de septiembre.

santa maría de la cabeza, viuda.

9 de septiembre

    En el Madrid medieval...

“El mundo de la Edad Media es un mundo aristocrático. El Estado y la sociedad están dominados por la nobleza. Un cierto número de familias... domina tierras y gentes. Las proezas y los crímenes de esta aristocracia laico-eclesiástica pueblan la historia de cada siglo; con ellos llenan los cronistas de la época las hojas de los libros. Nada se dice de las otras gentes. La población rural es en su mayor parte dependiente, con diversas gradaciones carece de libertad. Tiene que obedecer, trabajar y pagar rentas. Nada tiene que decir. Básicamente carece de historia”. (H. Dannenbauer)

            Ciertamente parece que las fuentes históricas sólo nos informan de los hechos de los “grandes” como si el resto careciese de significado histórico. Y sin embargo, esta memoria, a inicios de septiembre, nos presenta a un personaje medieval humilde, escondido con Cristo en Dios, que es una mujer, trabajadora, esposa, madre de familia, viuda y anacoreta. En una región concreta, el término de Madrid, recién conquistada por el rey castellano Alfonso VI a los moros del reino taifa de Toledo, que entraba a finales del siglo XI en la historia de Europa occidental. Una zona que había pertenecido hasta entonces al califato de Córdoba, donde se hablaba el árabe y donde los cristianos, denominados Rum (romanos) o también mozárabes, perseveraban en la confesión fe católica según las costumbres antiguas de España heredadas de los visigodos. Tierras que entraban a formar parte de la Castilla del Cid (+1099), y que se esforzaba por aclimatarse a los francos que entraban con los reconquistadores. En una Iglesia que vivía con gozo la reforma gregoriana pero con añoranza e incomprensión la supresión de sus fiestas y costumbres ante la imposición del Rito romano. En un contexto de paz inestable por las continuas incursiones almorávides que no resistían el avance cristiano después de la conquista de Toledo (1085). En un siglo doce donde el Norte ibérico es surcado por enjambres de peregrinos europeos que recorren el Camino hacia la tumba del Apóstol Santiago, que en Toledo comienza a verter al latín la sabiduría que transmiten los árabes y con una Córdoba respira el refinamiento del Oriente.

            ... una mujer santa.

Porque el Medievo no es únicamente un mundo masculino. En el siglo XII el convento proporcionaba una gran vitalidad intelectual, como lo muestran Hildegarda de Bingen, monja estudiosa y mística o la también contemplativa Juliana de Norwich. En el ámbito seglar, el papel de las mujeres era, sobre todo, el de esposas que colaboraban con su maridos o el de viudas que tenían una existencia más independiente. Esta fue la situación de la madrileña universal que fue santa María, mujer de san Isidro y madre de san Illán.

Si en el barroco se la denominaba estrella carpetana bien podemos nosotros calificarla de mujer admirable.  En efecto, la dureza de las condiciones de la sociedad agraria medieval la sentían sobre todo las mujeres. La mujer estaba destinada al matrimonio cuya finalidad era tener hijos. Los campesinos no se casaban para establecer una comunidad de vida y amor, sino para procrear aumentando así la familia. En los campos los hijos representaban una importante fuerza de trabajo. Ya en edad temprana se recurría a ellos para trabajos de apoyo que les familiarizasen con las situaciones básicas de la vida campesina: aperos, reducción de terrones, abrevar los animales, etc. Además, los ideales evangélicos de monogamia, fidelidad y protección no estaban extendidos en la sociedad hispano árabe y tardarían mucho en arraigar entre los campesinos cristianos. La mujer era considerada como propiedad del varón, del padre primero, del esposo después. Debía asegurar primariamente el sustento cuidando los animales y aves del corral, elaborando mantequilla y queso y, básicamente, preparar las gachas. Este era el alimento del pueblo: gachas de cereales, hechas de grano machacado, cocidas en la olla con agua o leche y sal. Pero entre las tareas femeninas estaban no sólo las obligaciones del huerto de casa, la rebusca de hierbas y la recogida de leña en el campo comunal, sino también la ayuda temporera en la agricultura. Las tierras de cereal exigían a los campesinos una cantidad creciente de tiempo y de trabajo. Todos los brazos eran pocos. Allí la mujer araba, rastrillaba, lo mismo empleaba la azada que ahuyentaba a los pájaras después de la siembra. En la cosecha, las mujeres no sólo ataban las gavillas, sino que segaban también con la hoz. Y si no bastaba con los animales del corral se echaba una mano en las cuadras de los bueyes.

Este es el cuadro real en el que se santificó la mujer que sería posteriormente el marco de referencia de la Villa y Corte de un imperio que extendería el culto de la labradora desde las Filipinas hasta California.

Los relatos tradicionales orales y escritos

En el siglo XVIII, al preparar el texto litúrgico de los Maitines del Oficio Divino se escribe, con gran esmero histórico, una primera biografía breve. El relato, destinado para el rezo, resume lo más sustancial que se conservaba en la memoria popular:

María de la Cabeza nació en Madrid o no lejos de esta localidad. Sus padres, piadosos y honestos, pertenecían al grupo de los llamados mozárabes. Fue esposa de san Isidro Labrador. No es fácil decir con qué santidad y trabajos llevó su vida de mujer casada. Sus ocupaciones eran arreglar la casa, limpiarla, guisar la comida, hacer el pan con sus propias manos, todo tan sencillo que lo único que brillaba en su vida eran la humildad, la paciencia, la devoción, la austeridad y otras virtudes, con las cuales era rica a los ojos de Dios. Con su marido era muy servicial y atenta. Vivían tan unidos como si fueran dos en una sola carne, un solo corazón y un alma única. Le ayudaba en los quehaceres rústicos, en trabajar las hortalizas, y en hacer pozos no menos que en el oficio de la caridad, sin abandonar nunca su continua oración.

Como ambos esposos no tenían mayor ilusión que llevar una vida pura y fervorosamente dedicada a Dios, un día se pusieron de acuerdo para separarse, después de criar su único hijo, quedándose él en Madrid, y ella marchándose a una ermita, situada en un lugar próximo al río Jarama. Su nuevo género de vida solitaria, casi celeste, consistía en obsequiar a la Virgen, hacer largas y profundas meditaciones, teniendo a Dios como maestro, limpiar la suciedad de la capilla, adornar los altares, pedir por los pueblos vecinos ayuda para cuidar la lámpara, y otros menesteres.

Estando entregada a esta clase de vida piadosa, unos hombres enemigos, sembradores de cizaña en aquel campo tan limpio de malas hierbas, comunicaron a Isidro que hacía mala vida con los pastores. El santo varón, buen conocedor de la fidelidad y del pudor de su esposa, rechazó a los delatores como agentes del diablo. De todos modos quiso saber de donde habían sacado aquellas especulaciones. La siguió los pasos uno de tantos días. Con sus propios ojos vio que su mujer, como de costumbre, con la mayor naturalidad, se acercó al río, que, aquel día bajaba lleno de agua,  por las lluvias abundantes caídas y, con mucho ímpetu extendió su mantilla sobre la corriente y, como si fuera una barquilla, pasó tranquilamente a la otra orilla, sin dificultad alguna. Con la contemplación directa de esta escena, repetida en otros días, el honor de esta mujer continuó intacto ante su marido y ante los vecinos de la comarca.

En los últimos años de su vida regresó a Madrid y de nuevo empezó a vivir con la admirable vida santa de antes. Después de morir su marido, volvió a su querida casa de la Virgen, como si fuera una ciudad bien defendida por Dios. En este lugar murió, llena de años y méritos.

Presente una gran concurrencia de gentes de aquellos pueblos, fue enterrada piadosa y religiosamente en la misma ermita, en un lugar, especialmente escogido por miedo a una posible profanación de los sarracenos. Cuando éstos fueron expulsados a sus tierras africanas, vigente todavía el ejemplo de la vida santa de esta mujer, fueron localizados sus restos, gracias a una inspiración del cielo. Al sacarlos, todos advirtieron un olor especialmente agradable, nunca percibido.

Hoy sus restos se veneran en Madrid. Muchos aseguran que hace incontables milagros, principalmente curaciones repentinas de dolores de cabeza. Todas esas circunstancias, examinadas por jueces apostólicos, hicieron que Inocencio XII aprobara su culto inmemorial y que últimamente Benedicto XIV le concediera Misa y Oficio propio, asignando la fiesta para un día de mayo en Madrid y en toda la diócesis toledana.

            La primera fuente histórica

            Ahora bien, el texto más antiguo donde se menciona  a la santa es el manuscrito conocido como el Códice de Juan Diácono: una colección de relatos de milagros realizados por su esposo Isidro, escrito en latín con primorosa caligrafía a mediados del siglo XIII, cuando todavía se conservaba fresca la memoria de los santos esposos. El pergamino se custodiaba en el archivo de la vieja parroquia matritense de san Andrés. El autor pudiera ser un archediano de la Almudena o bien el franciscano Juan Gil de Zamora, secretario de Alfonso X el Sabio.

            Si bien en el primer milagro del códice se da a conocer la existencia de un hijo es en el relato del segundo milagro cuando se menciona a la esposa del santo: Isidro, siervo de Dios... eligió vivir con el trabajo de sus manos para ganar su sustento; así, ajustándose por un año, se convirtió en asalariado de un caballero de Madrid. En compañía de su esposa se puso a trabajar en un campo próximo a la villa, dando a Dios lo que era de Dios, y con la debida fraternidad para su prójimo [2].

            Al transmitirnos que compartía sus bienes con los necesitados el diácono Juan nos ofrece la segunda mención: Isidro... siempre rebosaba misericordia en su corazón y nunca dejaba de dar limosna en la medida de sus posibilidades. Y así, un sábado, habiendo distribuido a los pobres todo cuanto había en la cocina, se presentó de improviso un pordiosero pidiendo le diese algo. Movido de extrema piedad, no teniendo nada que darle, suplicó a su mujer: “Te ruego por Dios, querida esposa, que des a este pobre lo que haya sobrado del puchero”. Ella, a sabiendas de que no había quedado nada, por darle contento se fue a traer la olla  vacía; sin embargo, el piadoso designio de Dios quería satisfacer el deseo del piadoso siervo tanto que encontró la olla repleta. La mujer se quedó al principio sorprendida, pero reconociendo el milagro y el favor divino, dio de comer al pobre en abundancia. No lo contó al marido, pues sabía que el desdeñaba la vanagloria. Mas, como a los que arden en el amor de Dios no se les puede cerrar la boca, lo contó a sus vecinos y a otras personas competentes, en la medida en que Dios le había indicado contarlo [4].

            El autor sitúa a su familia en el contexto del relato de la muerte del labrador:  Este hombre de buenas costumbres, que tenía una esposa legítima y un hijo... cayó enfermo en cama, y presintiendo  inminente el último día de su vida, recibido el Viático y después de hacer testamento de su pobre haciendo, amonestando a su familia para que amase al Señor, golpeó su pecho, juntó las manos, cerró los ojos y entregó su espíritu humilde a su Creador y Redentor a quien siempre había servido [6].

            Relatos sencillos que presentan en pinceladas el retrato de una familia cristiana, de campesinos trabajadores que, amando a Dios manifiestan su amor al prójimo compartiendo sus bienes con los necesitados.

 

            Las declaraciones procesales y los recuerdos

En el proceso de canonización de Isidro (siglos XVI-XVII), era imposible no hacer referencia a la mujer con la que estaba unido en matrimonio y en santidad. Por ello, la “Archicofradía del Sacramento, san Pedro, san Andrés y san Isidro”, las Hermandades y los franciscanos de Torrelaguna, comenzaron los trámites para la difusión del culto de la bienaventurada María. El 13 de marzo de 1596 fueron localizadas su reliquias en la vieja ermita visigótica de Ntra. Sra. de la Piedad, junto al río Jarama. Con posterioridad, en el convento dominico de Ntra. Sra. de Atocha de Madrid y en vista de su canonización, tiene lugar la Probanza de la Bendita María de la Cabeza,  que concluye el 21 de junio de 1615. Uno de los testigos declarantes es el presbítero Lope de Vega Carpio.

El contenido de las declaraciones resumen las tradiciones del pueblo de Madrid, transmitidas de generación en generación. Acerca del lugar de nacimiento la diversidad es manifiesta, pues varias villas reivindican a la sierva de Dios: Madrid, Canillejas, Torrelaguna, Uceda, Talamanca, Buitrago y Coveña. Convienen los testimonios en su nombre, María (excepto una testigo que la denomina Toribia), y en que sus padres eran mozárabes y labradores pobres. Madrid y Torrelaguna se disputan el lugar de casamiento, aunque la opinión de la época se decanta por la Villa y Corte, donde naciera su hijo, del que cuentan que se ahogó en un pozo y fue resucitado por su padre. No hay unanimidad en el nombre del hijo; la tradición ha perpetuado el de Illán. Se recuerdan sus peregrinaciones a la iglesia de santa María de la Almudena y a la ermita de la Virgen de Atocha. Se pone de manifiesto que ambos esposos llevaban en familia una vida honrada y religiosa tanto en Madrid como en Torrelaguna o en Caraquiz. Las declaraciones señalan las inmediaciones de esta alquería como el lugar donde malas lenguas la acusaron de adulterio, y donde María con su paso milagroso a pie enjuto sobre las aguas del Jarama hizo ver a su esposo lo infundado de esta acusación. Los testigos aseguran que ya viuda, y de regreso a la sierra carpetana, pasaba su tiempo en el trabajo casero que compaginaba con el quehacer diario de visitar, arreglar y mantener encendida la lámpara del santuario en la Ermita de la ribera del Jarama.

            Las tradiciones orales de Madrid sitúan su casa en los arrabales mozárabes de san Andrés, (donde hoy se levanta el Museo de san Isidro). Allí se muestra el pozo donde cayera su hijo. Ante una persecución almorávide, que deportaba a los cristianos   a Fez y Mequinez, el matrimonio huye de la Villa. A su vuelta, se cuenta de ella cómo trabajaba junto con su marido en las tierras allende el río hacia los Carabancheles, en el lugar donde Isidro hizo brotar un manantial en un lugar completamente seco y árido. De esta fuente relata la Bula de canonización de san Isidro que hay que reconocer en ella el poder divino, puesto que Dios, por intercesión de san Isidro, hace continuos prodigios con los enfermos que se acercan a ella. Sobre ella, se levantó la Ermita, que inmortalizara Goya.

De Madrid al cielo

A la intercesión de la santa se le atribuyen no pocos milagros, de los que J. Bleda afirma ser auténticos y probados en las informaciones Apostólicas. Su cabeza, venerada en un relicario, junto con su cuerpo fueron trasladados, de la ermita visigótica que habían poseído los templarios, al convento franciscano de Torrelaguna y depositados en la sacristía en arca de marfil. Allí estuvieron hasta su traslado a Madrid en 1645. Del oratorio de las Casas Consistoriales pasan, en 1769, al retablo de la Colegiata de san Isidro donde actualmente se veneran junto a su esposo.

El Papa Inocencio XII, confirmando y aprobando el culto inmemorial dado a la sierva de Dios, por la Bula Apostolicae servitutis officium del 11 de agosto de 1697, inscribe su nombre en el santoral. El 15 de abril de 1752, por decreto de Benedicto XIV, se concede en su honor Oficio y Misa de Santa María de la Cabeza. En la Bula de canonización del patrón de Madrid, Rationi congruit, el Papa tras reseñar el milagro de la olla repleta de carne concluye así la referencia a la esposa:

La mencionada consorte del bienaventurado Isidro, llamada María de la Cabeza, está considerada por los españoles, en atención a sus santas costumbres, como digna de veneración y, en todo, semejante a su marido. Por esta razón, su antiquísimo culto mereció ser aprobado.

SAN ILLÁN LABRADOR

Son muy pocos los datos que conocemos sobre este santo Templario, hijo de San Isidro Labrador y de Santa María de la Cabeza. Nació en Torrelaguna donde su padre trabajaba como labrador y su madre como sacristana o "santera" en una iglesia Templaria donde se veneraba a una virgen negra: Nuestra Señora de la Piedad. Al nacer Illán la familia se traslada a Madrid donde se produce uno de los milagros más conocidos de este matrimonio de santos: la resurrección de su propio hijo después de que cayera a un pozo. Cuando Illán fue mayor de edad sus padres deciden separarse para vivir una vida más santa, María de la Cabeza regresó a Torrelaguna donde comenzó a hacer milagros mientras cuidaba el fuego sagrado en la lámpara de la virgen templaria; Isidro permaneció en Madrid con Illán. Cuando murió su padre (a los 90 años) Illán se desplazó a Villalba de Bolobras (Cebolla) y se instaló de ermitaño junto al castillo templario. Allí comenzó a realizar los mismos milagros que su padre relacionados con el agua, la agricultura y los animales. Su festividad se celebra el 16 de mayo. 

 La ermita de San Illán está situada a poco más de 3 Km. de la villa de Cebolla y construida con un estilo popular. Esta ermita consta de una sola nave de ladrillo. El transepto sobresale hacia fuera y esta cubierto con una bóveda de medio cañón. El techo de la nave está cubierto de madera, yeso y cal. En el crucero se encuentra, en la parte más alta, una bóveda fabricada con materiales de poco peso. En la puerta de entrada a la ermita se ubican 3 arcos de medio punto siendo el central de mayor tamaño. En el lado derecho, según miramos esta ermita desde el frente, se hallan 7 arcos de medio punto y detrás de estos podemos ver otra entrada al santuario. Dentro del templo se puede observar la imagen de la Virgen de la Antigua, patrona de Cebolla. En la ermita se encontraron los restos de San Illán hijo de San Isidro Labrador, patrono de la ciudad de Madrid.